Recuerdo, como si fuera hoy, el partido en el que vi por primera vez a la selección peruana jugando en un mundial. Mi padre me llevó a ver el partido al Coliseo Amauta, había una pantalla gigante a colores y estábamos rodeados de miles de personas. Era el mundial del 78 y jugábamos contra Escocia. Yo era un niño y sentía que estaba en el estadio. Era como si mi padre me hubiera llevado al mismísimo mundial. La hinchada cantaba y animaba a la rojiblanca y yo rezaba para que Perú metiera un gol. Metieron tres, nunca olvidaré esos goles, uno de Cueto y dos de Cubillas, fueron goles increíbles. El loco Quiroga se tapó un penal, que celebramos tanto como los goles. Cada vez que el balón entraba al fondo de las redes de la portería escocesa era como si yo hubiera metido el gol. Abrazaba a mi padre y celebrábamos felices. 

Solíamos ver los partidos juntos. Toda mi familia es por tradición aliancista. Mi tío Oscar escribió la canción de Alianza Lima que se suele escuchar por los parlantes del estadio. Me educaron desde muy temprano el amor a los íntimos de La Victoria. Cuando tenía 10 años, para consolidar mi formación, me llevaron a la cancha de Matute a dar la vuelta olímpica con el Alianza Lima el día que se coronó bicampeón. Salí al campo de juego con Cueto, Sotil, Cubillas ,Velásquez, Duarte, y el resto de mis ídolos. Junto a esas estrellas que yo tanto admiraba, saludé a la barra de la tribuna sur. Ese día mi corazón se volvió blanquiazul para siempre y me sumé a la larga lista de aliancistas de la familia. Mi padre un tiempo después escribió ‘’La gran Jugada’’, un libro de poesía dedicado a nuestro equipo. Este libro es un canto a los afroperuanos, a lo efímero de la fama, al arte y la belleza del juego. Para mi padre la poesía siempre fue un juego, jugaba con las palabras y se divertía con ellas, aunque a veces lo hacían sufrir y lo desvelaban por las noches.

La última vez que vimos juntos un partido de fútbol se encontraba enfermo y tumbado en la cama del hospital. Me pidió que pusiera en el televisor el Madrid vs Barcelona, que estaba a punto de empezar. Los dos íbamos con el Barcelona. Sufrimos todo el partido, lo vivimos intensamente, alentamos a Messi y nos enfadamos varias veces con el árbitro. Nos ganó el Real Madrid, jugó mejor. Al final del encuentro, totalmente derrotados, descubrimos que habíamos visto un partido jugado una semana antes y que el verdadero partido de ese día empezaba en unos minutos. Nos reímos mucho con eso, teníamos 90 minutos más para remontar.

Ya no podemos ver más partidos juntos, ahora solo conversamos en sueños. Pero estoy seguro que ayer celebró los dos golazos de la selección como aquel día en el Coliseo Amauta.